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Breve biografía del Profesor Cheng Man Chi´ng: "Maestro de las cinco excelencias"

Cheng Man Ching  RetratoNo es tarea fácil escribir acerca de alguien que no has conocido, sobre todo alguien tan excepcional como debió de ser el Profesor. Es como intentar describir una cultura antigua a partir de unos trozos de vasija y huesos. Sin embargo, podemos intuir mucho de su persona estudiando su arte, leyendo sus escritos o hablando con las personas que aprendieron con el. Ojalá logre transmitir un poquito de lo que se ilumina en la mirada de Wolfe Lowenthal cada vez que habla de su Maestro.

El Profesor Cheng Man Chi'ng nació con el siglo XX, en 1901, en el vigésimo quinto día de la sexta luna, según el calendario chino, en Yungchia, provincia de Chekiang. Su padre murió cuando era pequeño, y su madre viuda le enseñó caligrafía y poesía. Cheng hablaba de su temperamento aventurero e ingobernable en la niñez, una actitud que ni siquiera la férrea disciplina de su madre, con frecuentes y cruentas palizas, logró doblegar.

Tenía memoria fotográfica y ya había memorizado los clásicos confucianos cuando a los nueve años una pared se derrumbó fracturándole el cráneo. Durante dos días estuvo entre la vida y la muerte, hasta que un taoista errante le trató con hierbas traidas de las montañas, y aunque recuperó la conciencia, había perdido la memoria y se comportaba casi como un vegetal.

Un año después lo introdujeron en el estudio de un pintor, donde sólo era capaz de realizar tareas sencillas, como ordenar papel y mezclar tinta. Tras cuatro años, el maestro le pidió que pintara. Cheng se negó, diciendo que nunca lo había hecho. Tras insistir, el pintor logró que el muchacho se lanzara a un frenesí de trazos. Boquiabierto, descubrió que la pintura no solo era muy buena, sino que además tenía un estilo muy personal. El maestro certificó a Cheng como pintor, y desde los catorce años mantuvo a la familia vendiendo pinturas. Más adelante estudió Bellas Artes y se convirtió en profesor de pintura, caligrafía y poesía en la academia de Pekín de Bellas Artes a los veintiún años. En su estudio predominó un profundo respeto por los clásicos combinado con una curiosidad incansable que le ganó el respeto de los más severos maestros. Al igual que con su madre, se embarcó en una lucha de voluntades con el maestro literario Ch´ien Ming-shan. El joven erudito le entregó un texto para su aprobación. Ch´ien se lo devolvió lleno de tachones y críticas. El alumno lo repasó, trabajó toda la noche, y entregó un nuevo trabajo al día siguiente, que fue criticado de un modo similar. Este intercambio diario duró tres años, en los que Cheng tuvo que añadir una gran humildad a su ferrea voluntad. Poco a poco los tachones eran menos frecuentes; más tarde, desaparecieron, y por último comenzaron los elogios del maestro y la admiración del público. Años después, el Profesor Cheng citaría a su venerado maestro:

" ... El Cielo es muy parco otorgando talentos. Debes entregarte por completo a la búsqueda de la maestría, si quieres que tu talento se manifieste”.

En estas artes, se considera central el desarrollo emocional y moral del autor, pues la pureza (o bajeza) de carácter se transparentan luego en las obras. Chu Hsi, un gran calígrafo, dijo una vez: “No me importa la precisión de mi escritura, sólo me concentro en que mi mente esté clara”. Esta idea fue central para el Profesor, y la incorporó a todas sus artes.

Se le invitó a enseñar poesía en la universidad Yu-Wen de Pekin a los dieciocho años, y a los veinticinco dirigía el departamento de pintura en la escuela de Bellas Artes de Shanghai.

Mas tarde comienza el estudio de la medicina tradicional y el Tai Chi. El talón de Aquiles del joven profesor era su salud. Una tuberculosis estaba acabando con sus exiguas fuerzas, y acudió al Tai Chi Chuan como último recurso para salvar la vida. Practicando con perseverancia bajo la tutela del Gran Maestro Yang Chen Fu , el enfermo sanó, y con los años se convirtió en un experto en el arte. Cuentan en China que era un principiante testarudo empeñado en aprender a luchar. Continuamente retaba a expertos peleadores y era inevitablemente derrotado, pero no se daba por vencido, y tras estudiar sus errores, volvía a la carga.

También fundó y dirigió la Asociación médica China, unificando a las distintas escuelas y tradiciones medicinales chinas, y vicepresidió la Facultad de cultura y arte chinos de Shanghai. En 1946 formó parte de la Comisión para la redacción de la Constitución, y formó parte del Senado como representante de la comunidad médica hasta su muerte en 1975.

Dicen que su personalidad era “de fuego”. Con intensidad y pasión alcanzó la maestría en cada una de las cinco artes que abordó, ganándose el apodo de “Maestro de las Cinco Excelencias”. En el año 38 cristalizó su estudio del Tai Chi creando la forma de 37 movimientos, que ahora es la más extendida en el sudeste asiático y EEUU. Su Tai Chi, conservando un profundo respeto por la enseñanza de su Maestro Yang Chen Fu, evolucionó enriqueciéndose de su comprensión de aspectos filosóficos y médicos del cuerpo, mente y espíritu ausentes en la cultura marcial de la época. Parece ser que también se vió influenciado por la enseñanza de un místico taoista que le ayudó en su desarrollo interno.

Su genio venía de su habilidad para cerrar el hueco que separa la actividad mental de su manifestación física, lo que le otorgaba sensibilidad, agilidad y economía de movimientos ilimitadas. Al liberar el flujo de su ch`i, era capaz de manifestar la esencia de su ser en todas las artes que acometió, unificando las cinco “como perlas en un hilo”. Este hilo era el Tao.

A los cuarenta se casó con Yi-tu Ting, y tuvo tres hijas y dos hijos. El profesor se exilió a Taiwán en 1949 en donde continuó su fructífero trabajo y propagó su Tai Chi, fundando distintas instituciones, como la escuela shr-jung de Tai Chi. Posteriormente viajó a Nueva York, donde siguió compartiendo la grandeza de su estudio con cientos de estudiantes, creando un puente entre las dos culturas. También dio clases sobre las enseñanzas de Lao-Tse y Confucio.

Entre los más dedicados estudiantes se encontraba un joven escritor y líder del movimiento pacifista, que decidió dedicar su vida al estudio del Tai Chi, y ahora es el Maestro de nuestro Maestro, Wolfe Lowenthal, que decidió dedicar su vida al estudio del Tai Chi, y ahora es el Maestro de nuestro Maestro, Manuel Yubero.

Al haber tenido que exiliarse de su amada China, bajo toda la energía del Profesor se refugiaba una gran tristeza, a la que daba escape escribiendo poemas de melancolía abrumadora. Pero también expresaba un espíritu alegre y bromista, y el contraste entre su sabiduría y la mezcolanza cultural de Nueva York daría lugar a un montón de anécdotas curiosas.

Tras crear una gran escuela, y enriquecer con su espíritu la vida de centenares de estudiantes, el profesor Cheng decidió volver a Taiwán, y unos días después enfermó y nos dejó, el 26 de Marzo de 1976.

A los que hemos aceptado el desafío que nos dejó, desentrañar los misterios de “la Grandeza del Chi”, su figura y su espíritu inalcanzables son a la vez fuente de frustración e inspiración.

Los practicantes de hoy en día tenemos el privilegio y la responsabilidad de explorar y expandir las fronteras del arte del Profesor. Si su enseñanza se diluye hasta extinguirse, o se enraiza y eleva más allá todavía depende de cada uno de nosotros. El futuro del arte esta en nuestras manos, tal y como el Profesor lo hubiera querido.

José Luis Monforte
Instructor de la Escuela ChangChuen en Avilés (Asturias)
Estudia de la mano de Manuel Yubero