Envejecer. ( Wolfe Lowenthal, extracto de "Como un Largo Rio" )

Estoy contemplando la foto de sobremesa de mi profesor, Cheng Man-Ching, cuando había alcanzado la edad de 73 años. Está en una postura muy baja, la postura del Látigo descendente, la tensión tan ausente de su cuerpo que parece no hacer ningún esfuerzo. Está perfectamente alineado, su espalda recta, la cara relajada.

    La primera vez que puse mis ojos en él, hace muchos años, noté un brillo, una alegría de vivir, una energía positiva que nunca había visto en nadie más, fuera o no artista marcial. Claramente se trataba de una emanación de este arte del Tai Chi, y desde ese momento sentí el impulso de estudiarlo. Cheng Man-Ching decía:

"El beneficio mas importante de estudiar Tai Chi Chuan es que cuando llegas a la edad en la que comprendes de que va la vida, todavía tienes salud para disfrutarla".

[...]

    El arte que él enseñaba nos muestra el camino hacia una salud cuya cualidad abarca no solo lo físico, sino también lo psicológico y espiritual. Cultivamos un equilibrio interno y la armonía, creando una excelente salud que nos lleva al bienestar psicológico. 

    Sin buena salud, cuando alguien tiene que afrontar las dificultades de cada día, con dolor, con el miedo de dejar de ser autosuficiente, se vuelve difícil mantener una actitud psicológica o social positiva. Es más, hay muchos que incluso gozando aparentemente de buena salud no se sienten felices o positivos respecto a la vida.

El Tai Chi Chuan nos proporciona un medio de entender el fluir del universo. Básicamente estudiamos el equilibrio, la suavidad y la relajación. Como dicen los clásicos: "Estudiamos para recuperar la elasticidad del niño pequeño".

    De niños estamos relajados y conectados a la tierra. Al hacernos mayores nos vamos desconectando del suelo progresivamente. Nuestras piernas se van debilitando y nos volvemos pesados y rígidos en la parte superior del cuerpo. Esto acaba produciendo ausencia de equilibrio y armonía en los órganos internos. El Tai Chi Chuan revierte ese proceso: aprendemos a ser de nuevo como niños, hundiendo nuestra energía en el tantien, recuperando nuestro correcto equilibrio y permitiendo que las piernas y el suelo nos sustenten.

    Podemos comenzar este proceso de aprendizaje desde nuestro primer día de estudio, y seguir progresando a lo largo de toda nuestra vida. A medida que nos relajamos, permitimos que la energía de nuestros órganos fluya con libertad y armonía. Liberamos nuestra circulación de bloqueos y revertimos el debilitamiento de nuestros huesos, de modo que se vuelven esencialmente fuertes. 

 

Extracto del libro Como un Largo Rio por Wolfe Lowenthal
Copyright, Wolfe Lowenthal, 2010
Traducción de Jose Luis Monforte

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